jueves, 4 de junio de 2015

¿Recuerdas? Vamos a hacerlo mal.

Y me abrazo yo sola, porque la soledad no me hace compañía. Dónde quedó esos momentos dónde salías como una pequeña guerrera detrás de mí, por si me daba por caer.

Sigo siendo la misma demente con pies de plomo, por si un día se rompen las promesas, por si me da por tener que seguir sin ese pequeño impulso. Te odio, te odio por mal acostumbrarme y por ahora encontrarme en un precipicio constante, a veces me da por querer saltar, luego te recuerdo y me quedo allí, mirándolo, esperando si vienes, pero no vienes. Tengo que dar pasos agotadores hacía atrás, cargar conmigo y mis emociones y buscarte, porque ya no te encuentro.

Recuerdo como llegaban a mi vista esas palabras, eran como el oxígeno que respiro diariamente o como esa falta de hambre cuando te tiras un día entero con complejos.  Venías y me decías que conmigo eras diferente al resto, y ahora, ahora  aguanto cómo fuiste con todas. Cada día repaso entre líneas por si te da a volver a ser una loca sin miedo, pero ahora tragaste un poco de todo el orgullo que tenía guardado para alguien. Ese que dejo cada siete minutos por ti y lo pisas.

Y dime, ¿ya no merezco que tragues tus malos momentos y vengas a por mí? O mejor, dime por qué coño lo hiciste en su día. Porque ahora lloro la ausencia de esos momentos dónde te daba igual lo que pensará los demás, que daba igual lo que pensarás tu misma. Estaba por encima del bien y el mal, de tus principios. Y me hacía temblar la idea. Ahora tiemblo por no tenerlo, por ser una loba sin dueña.
¿Recuerdas? Vamos a hacerlo mal. Yo lo estoy haciendo. Cada día pasó por encima de mi orgullo y vuelvo a hablarte. Olvido las humillaciones y ahí estoy para ti. Juré que si no lo hacía ni por mi madre, ninguna mujer lo conseguiría. Hasta que llegaste y me desordenaste. Y ahora, me da igual. Me da igual ser mejor, para ti, llegar a estar hecha a tu medida.

Pero tú no.
Ya no.  

Y prometo que no me arrepiento, que haría de tripas corazón cada noche. Pero recuérdalo, recuérdalo que me partí en dos por los trenes, por colarme entre tus caderas, y que sólo soy una piedra que puede cambiar de camino por una patada que se le dé. Ese día te liberarías, pero el resto, juro que llorarías sangre. Porque no existe nadie más cómo yo.

Yo, que di todo lo que tenía y sin tenerlo.


viernes, 24 de abril de 2015

He dejado de darle la vuelta al cigarro de la suerte.

Y quiero morirme con esta soledad. Quiero que la lluvia se lleve los rastros de amor tóxico que dejaste encima de mi almohada. Dando tumbos de un lado a otro, me conozco cada una de las baldosas de esta maldita casa, todas iguales, no puedo perderme en ningún pequeño detalle, escucho el tic-tac del reloj, pasa el tiempo, pero no lo olvido. Por qué cojones mienten. Que el tiempo es el olvido, claro. Qué más puedo leer para reconstruir este corazón, que llora, sigue llorando con el silencioso aullido. Harta de los libros, de creerme cada una de esas frases positivas, de creer en mí. Como si fuera capaz de hacer algo por mí misma, já.

He dejado de tomar tilas para dormir.
He dejado de quemarme con el café recién preparado.
He dejado de darle la vuelta al cigarro de la suerte.


Mírame. Ya no hace falta que hable, mis ojeras pueden decirte mucho más que mis cuerdas vocales. Dejé de escuchar piezas de pianos, y por si te lo preguntas, claro que me sigue gustando. Me sigue gustando tanto cómo escuchar caer gotas de una fuerte tormenta en mi ventana. Pero ahora llueve más en mis ojos. Se ha convertido en mi melodía preferida. La que separa todos los trozos de cristal en los que me convertí. Me separa de mí o quizás de ti. 


martes, 7 de abril de 2015

No (nos) asusta.

Y la abrazó tan fuerte que todas sus heridas se juntaron de golpe. Cómo si de un puzzle se tratará. Corte tras corte cicatrizo. Ya no había sangre de por medio, sólo pequeños recuerdos que le hacían distinta por todo su cuerpo. Y los empezaba a querer, porque ya no dolían, simplemente le hacían de complemento. Se sentía viva. Volvía a darse cuenta de cuando respiraba, y dios, no había cosa más jodida que pensar ‘debes respirar, debes respirar’.

Quién le hubiera dicho meses atrás que volvería a dar paso a ese corazón de hierro. Que ella misma se quitaría esa barrera para tender su mano y clavar a otra persona. Estaba loca, y lo mejor es que su sonrisa demente la hacía estar cuerda.

Por las noches alguien le susurraba que estaba orgullosa de ese desastre. Y sólo necesitaba eso, que compartieran ese desorden. No quería cambiar, solo repartir todo el caos que llamaba amor, ese que nunca decidió repartir, ni mostrar.


Vamos a gritarle a la luna que ya puede salir todos los días. Que no nos acojonamos. Que ya nos agarramos fuerte de la mano. Y que si quiere esconderse, que lo haga, que no nos asusta andar por la cuerda floja, que eso lo amamos. 


domingo, 22 de febrero de 2015

Espejismos.

Los cortes eran menos dolorosos que ponerse horas en frente del espejo. Horas delante de un cristal que solo mostraba imperfecciones, obsesiones.
Cada noche entraba a oscuras en el baño, corriendo para encender el agua caliente y así el cristal se empañaría. No quería toparse con nada más que una silueta casi invisible. Quitando cada prenda cómo si fuera el peor de los trabajos. Después se subía en la báscula, y cada quilo perdido era una victoria y una tortura, por querer más. Nunca sería suficiente.
¿Por qué te ríes de los demás? ¿Para sentirte mejor? No. Sólo quiero olvidarme de que cualquiera de esos cuerpos es mejor que el mío.



Golpes, esperaba golpes y color violeta por todos lados. Juro que eso era más placentero que toparse con su yo más real.
Las manos eran diseñadas para tocar otros cuerpos, cuerpos deseados. Pero que jodido cuando otro contacto la repasaba.

-Cállate. –Le decía a su subconsciente.
Deséame, por ti y por mí. Por los dos.
Que yo me olvide de hacerlo. 

miércoles, 7 de enero de 2015

En diferentes estaciones de tren.

No oscurece en su interior, la sonrisa, a veces, se le escapa sin querer. No estaba acostumbrada a sentir mariposas, pensaba que todas se habían escapado o escondido. Así que cada vez que sus labios hacían el intento de torcerse, se la tapaba, con su pelo negro.
Le daba miedo decir que empezaba a ser feliz. ¿Felicidad? Tampoco estaba segura de que era aquello, pero de lo que estaba segura, es que no era muy diferente a aquello que sentía cada noche cuando abrazaba su peluche y se imaginaba mil caricias, en diferentes estaciones de tren.

Un día anhelo abrazos que nunca supo cómo serían, ahora ansiaba con fuerzas que su piel volviera a tener contacto. Meses atrás sonreía detrás una pantalla tras un te quiero, pero sus oídos no podían aguantar no escuchar una voz rota, diciéndole lo mismo.

Seguía con ojeras, pero más bonitas. Las de tiempo atrás eran muy grises, preguntándole a saber qué, por qué ella siempre estaba en segundo plano, por qué le hacía daño algo que quería de esa manera tan extraña. Hoy, mientras se miraba al espejo, vio unas leves ojeras violetas, pero… esas no importaban, eran horas de sueño quitado a causa de soñar despierta con un reencuentro.

No le importaba tener una de cal y otra de arena.

Ahora era suya. 


viernes, 5 de diciembre de 2014

miedos

Por primera vez he sentido miedo, miedo al estar sentada en mi habitación, al perder la noción del tiempo, ver que los días pasan a una velocidad que no puedo controlar. Sí, miedo a morir. Una de las cosas que me caracterizan es que nunca me obsesionó la muerte, es más, siempre lo vi una opción buena para terminar con muchas cosas, lo admito. La cuestión es que estoy viva, y ese sigue sin ser mi problema, el problema soy yo, que soy dueña de mis decisiones, de mi vida, de cómo la estoy viviendo, y bueno, no confió nada en que lo pueda hacer bien, me da miedo ser yo la que tenga que tirar adelante con todos los años que me queden, que espero, que sean bastantes.

Si pienso que soy un desastre, si dejo las cosas siempre a medias, ¿cómo espero que mi vida sea la que deseo? Es más, ¿cuánta gente se siente orgullosa de la vida que elige? Y ¿realmente podemos elegirla? Estamos marcados con pautas, desde siempre nos enseñan que lo ‘correcto’ o que alcanzas la ‘vida plena’ cuando tienes unos buenos estudios, un trabajo el cual te permite independizarte, encuentras el amor de tu vida y formas una familia. ¿Realmente eso es vida? Es decir, ¿porque casi todos estamos convencidos que necesitamos es
o?

Y confieso que vivo intensamente cada cosa que hago, porque realmente, lo necesito ya, ¿realmente necesito eso? ¿Por qué la vida es tan corta? Porque decirme, ¿qué son ochenta años para conseguir todo eso sin que sientas que el tiempo te atrapa? Aunque visto de otra forma, si tuviéramos, por ejemplo, mil años, quizás malgastaríamos más el tiempo pensando que tenemos casi una eternidad, porque joder, mil años para mí es algo parecido a una eternidad.

Y siento miedo, miedo a que lo que creo necesitar sea lo incorrecto, me asusta pensar que pueda ser yo la que tenga el poder de ir en una dirección u otra, porque bueno, si existiera el destino, haga lo que haga ¿Lo tengo escrito? ¿No? Algo así. Pero si el destino no existe, si la vida te deja ahí, tirado a manos de ‘Dios’, pues menuda putada.

No hay mucho más que añadir, no hay final, ni principio, pero estoy diciendo todo esto asustada, sin mucho sentido.


Estoy pidiendo salvación, otra jodida vez. 

martes, 2 de diciembre de 2014

Aquí me quedo.

Paseándome como una loca por el andén, queriendo cometer la locura de coger el primer tren y llegar a la última parada. Que cada vez que alguien baje del vagón sea una cicatriz que deje atrás. Y no quiero que mis ojos vuelvan a verte, quiero que esa mierda alcance la velocidad límite y vea un millón de imágenes diferentes y que parezca la misma.

Olvidando por segundo.

Que cuando ya no haya marcha atrás, baje y mi cabeza no haga el esfuerzo de girarse y arrepentirse. Respirar un aire que no haya respirado nunca con nadie. Y que cada pequeño paso que dé, sea uno gigante para empezar de nuevo, de cero.

Pero me quedo en el andén, viendo la gente subir y sin nadie que vuelva...
                                                                                                                        ¿estoy esperando?









martes, 25 de noviembre de 2014

Y perdonarme.

Quiero ordenar esté desastre, mi desastre. El caos que decidiste dejar cuando marchaste, cuando nos separó la puerta, la parada de bus, la distancia. Arrancar trocito a trocito de mi piel, eliminando lunares, cicatrices y ser como una serpiente. Cambiar de piel y así no encontrar rastro de tus huellas. Y es gracioso, porque cada vez que mi mente se pasea la ligera idea de hacerlo, mis brazos se protegen de cualquier acto para olvidarte, olvidarme, olvidarnos. Y me encadeno de nuevo, me siento en el rincón más oscuro de la habitación y doy gracias que desde mi ventana no pueda observar el cielo.


Espero poder perdonarme algún día, perdóname. 


lunes, 17 de noviembre de 2014

Semanas.

Te pido cada invierno para reyes, atrapando mi ‘Peter Pan’ interior. Sigo buscándote, sigo encontrándote, cualquier lugar es bonito para recordarte, para imaginarte, para perder(me).

Pasé de no querer mirar ningún espejo, a pararme en cualquier retrovisor de coche y ver mí reflejo, te encuentro en cada lunar, cada poro;
Cada centímetro de mi piel, arde al recordarte.

Los domingos empiezo a explicarle al ¿corazón? No estoy del todo segura a qué o quién se lo cuento, pero le digo que empiece a olvidarte, de nuevo. Olvidarte para empezar a recordarte el lunes. Y odiarte el martes.

El resto de los días no es que los pasé pendientes de ti, sólo que la maldita música cae como gotitas de agua  y traviesa mi ventana. Entonces quiero volver a meterme en la cama y que estés en ella. Y joder, no estás. Ya no estás.  Con la tontería ya me paso toda la noche del miércoles llorándote, y el jueves no quiero que nadie se de cuenta de mis ojeras, así que intento renunciar a cualquier tipo de emoción, de explicación. 

El viernes, por la persiana empiezan a entrar pequeños rayos de luz, el sol, eso me da vida. Intento arreglar todo el desastre, dejar el caos, dejarme a mí de lado, por ti. Y ahí empiezo a emborracharme, a sonreír, a saltar, evadirme, no existo yo, así que tú tampoco. Me prometo que seré feliz, que está es la buena, que ya no tropezaré con fotografías o cartas borradas por lágrimas. Y ahí me tienes, el sábado de resaca, diciendo, está es la última vez.




La última vez para empezar otro domingo, otra depresión, el circulo, tú y yo, y que ya no pueda escribirlo junto.


martes, 4 de noviembre de 2014

Ya no quedaba rastro de mi loba.

Ya no quedaba rastro de mi loba. Todo lo que un día fui, se esfumo, se consumió con el último incienso de vainilla que encendí para deshacerme de las malas energías.

El tocador lo cambié de habitación. El pintalabios se convirtió en una sombra de ojos, barata. Ya no usaba zapatos de charol, me paseaba las horas por casa, descalza, para irme tropezando con cada esquina, con cada borde de cualquier mueble. Cambié el café caliente, por uno helado, el humo jugaba demasiado con las formas que creaba.

Ya no hay aullidos silenciosos, ahora mis gritos son desgarradores, mi voz a veces se ronca, se quiebra, sobre todo cuando paso por delante de cualquier espejo y de pasada, me da por encontrarme.



Ya no encontrarás ‘mi loba’, entre las líneas.
Mi autodestrucción la controle, ahora quiero un respiro.
Me pondré una capa de piel de cordero y sonreiré, mucho;
Cómo si lo hiciera de verdad.

                                                                                                            de verdad…








viernes, 31 de octubre de 2014

No llegamos tarde.

Lo bonito que será desordenar la cama y que estés tú. Que el frío sea la excusa de acercarme tanto a ti, que seamos las piezas correspondientes de un puzzle distinto. Enredarnos entre mantas y que lo que más me abrigue, sean tus caricias.

Te elijo para ser mi final. Para que mi piel, después de besos por la nuca, no quiera reconocer otro contacto, que se me erice todo si te aproximas. Quiero que de las mil veces que consiga hacerte sonreír, dos mil me enamore de ti. Y estoy diciéndole adiós a todo, menos a ti; Golpeándome el pecho y que tu nombre se clave tanto, que no seas capaz de alejarte, alejarme, alejarnos.

Y no soñar más contigo, no quiero que entres en mi cabeza y me vuelvas más loca. Quiero verte amanecer sin ropa.

Muérdeme fuerte y haz que sienta el dolor, que es real.
Te voy a gemir en la oreja, y no vas a sentir un sonido más aliviador.
Suspira, grita y deja el romanticismo para después. No llegamos tarde.

Vamos a jugar a los juegos más sucios. Vamos a hacerlo lo peor que podamos, y así, seguro que sale bien. Vamos a proponernos una meta y conseguirlo pisando piedras. Lo vamos a hacer tan, tan, tan mal, que el siempre será cierto.




¿Adelante?


Siete, seis, cinco, cuatro…tres, dos, uno. 

domingo, 19 de octubre de 2014

Quiero ser un piano sin teclas.

Quiero ser la banca rota.
Estar por debajo de los grados.
Vivir en constantes tormentas.
Quiero ser una muñeca de porcelana;
Y que sientas miedo.
Estar de rodillas;
Y así no tener que levantarme más.
Vivir cantando;
Y que mi voz este tan rota como me dejaste.
Quiero ser un piano sin teclas;
Y que nadie pueda tocarme nuevamente.

No romperme.
No pedir salvación.
No mirar atrás.

Quiero ser la última opción.
Estar en una lista triste de reproducción.
Vivir atada a mis cadenas.
Quiero ser una cama sin sabanas;
Y que sientas frío en pleno invierno.
Estar en tus sueños;
Y ser la peor pesadilla.
Vivir en un violín sin cuerdas;
Y que tus oídos no puedan encontrarme en ninguna vibración.

No huir.
No encontrar(te).

No asustar(me).  


lunes, 13 de octubre de 2014

Mi princesa de las hadas.

Empezaré por el final, y el final sería dejar un te quiero, un te quiero en cursiva y con todo lo que conlleva la palabra.

Es difícil escribir sobre ti, sobre lo que eres, sobre todo lo que me haces sentir. Es difícil porque la vida no ha inventado palabras adecuadas para una persona como tú. Te miro y me siento orgullosa de tenerte, de que seas mía, de que la vida no me quite el trozo de felicidad que siento cuando estoy cerca de ti.

Cualquiera diría que esto va para ti, Cris, para la persona más bonita que mis ojos se han cruzado. Te miro y veo la belleza en ti, y dime… dime porque últimamente hay dolor en esos ojos, en esa sonrisa, dímelo, explícame porque no puedo arrancarme todos mis sentidos y que te veas como yo te veo y sintieras la necesidad de comerte todo lo que se te venga encima, porque nunca he dudado que eres fuerte.

Quiero que sepas que las promesas si existen, solo hay que cuidarlas, saberlas llevar más allá del orgullo, del amor propio, de las piedras que se crucen en el camino, y apartarlas de los mitos, de las películas falsas, y vivirlas como la realidad de las agujas del reloj. Y yo, te prometo, te prometo que conmigo nunca te faltara un hogar, un lugar donde llorar y reír, unos oídos que van a escuchar mil veces lo que tengas encima de ti y unos ojos que lean lo que ya haya escuchado.

No eres mi amiga, eres mi hermana, la hermana más importante que tengo, más allá de la familia y más allá de todo lo que pueda relacionarse como algo importante.

No vamos a caer, nunca… nunca debemos permitirnos el irnos abajo, el pozo no es nuestra escapatoria. Me da igual llenarnos de moratones por las caídas, me da igual las veces que nuestra cabeza nos traicione, y me da igual tenerle que explicar al corazón que no hay nadie más leal que tú. Y contigo, tengo todo y más. Contigo me quedo. A tú lado. Con tu sonrisa.



Recuerdo el día que me dijiste que en este blog faltaba algo tuyo, aquí lo tienes.




lunes, 22 de septiembre de 2014

Ella.

Ella estaba loca,
loca de remate.
Arrastraba sus converse.
Sucias, muy sucias,
siempre pisando las mismas calles.

Iba dando caladas largas,
así, quizás, olvidaba cada noche de verano frío.
Pero cada vez que el humo salía de su garganta rasgada,
lo recordaba más.

Ya no quería abrirle la puerta a nadie.
Cada vez más decepcionada.
Cada vez más frágil.
Ella, que pensó que la vida sí era bella.
Y… joder, la mintieron.

Dejó de creer.
Las palabras, sólo eran palabras;
Y el viento, era mucho más fuerte.

Ella, se arrancó las alas.
Cerró la ventana.
Toco la última tecla del piano.
Dio el último suspiro.
Dejo los hielos de lado.
Arrancó todas las páginas nuevas de su libro.
Lloró, grito, enloqueció…
Y nunca, nadie fue a salvarla.
 



jueves, 18 de septiembre de 2014

Te lloré 365 noches.

Y ahora…
¿Qué hago con mis demonios?
Ya no estás para asustarlos.
Ahora consigues asustarme a mí.

Yo, que creía que debajo la cama no habría nada,
y… efectivamente.
lo peor estaba envuelto entre las sabanas.
Conmigo.

Adoraba eso de desordenarla,
hacer que se convirtiera en el lugar más divertido,
masoca, perverso, atrevido…
Hasta que dejaste de fumarte el cigarro de después.
Hasta que nuestras pieles dejaron de reconocerse.
Hasta que ya no me besabas mientras follabamos cómo desconocidos.

Juro que repetía cada noche como la primera,
por si la magia que un día nos abrazó, volvía.
Pero…no, no, no.
Cada vez era más sucio, más lejano, más…
Frío.
Raro, porque la excusa no fue que fuera un diciembre.
En pleno verano y… todo tan otoño.

Ahora poco a poco desapareces,
fluyes;
Ya no hay rastro de lo que fuiste, fuimos.
Ya no podré ir y recuperarlo.
Todo es un (bonito) recuerdo;
AMARGO.

Nunca hablaré de ti en presente,
ni en futuro.

Decidiste morirte,
morir dentro de mi corazón.
Te fuiste con la lluvia,
y sólo (quizás) te recuerde cuando aparezca un arco iris.
Pero ya, nunca, volverás con el sol.

Te lloré 365 noches, me arranqué la piel en cada luna llena.
Pero, lo siento…

Ya no queda voz, ni aromas, ni rostros en ti.





martes, 16 de septiembre de 2014

Sálvame.

Me encanta sonar triste, 
realmente no finjo.

SÁLVAME,
save me, please... 
Y nadie, nunca, llegaría a entender como cobran sentido.



Cada noche la misma rutina. Creyéndome que, por arte de magia, el día anterior sería borrado.
Pongo el despertador a la misma hora, sabiendo que me despertaré antes, por la ansiedad.
Notaré el mismo ahogo, la misma soga.
Cada cicatriz.
Mía.
Mías.
Que posesividad.

Mi misma rutina, abriéndome cada una de esas heridas que me permito yo misma.
'Egoísta.
Ni siquiera dejas que te vengan de nuevas, las alejas, y así, caes en la autodestrucción.' 

Triste, pero victoriosa. Sabiendo que yo, soy la única culpable de todas esas marcas, de la voz rasgada, de las lágrimas que no suelto y me clavo.


Ahora busca el sentido, porque no, no lo tiene. 
Mi cabeza está fuera del alcance de todos esos lunáticos. 





Oye...no me hagas caso.
Te estaré esperando, esperando mi salvación.
Sácame de aquí.
Tengo miedo.
Si lo entiendes,
ven a por mí.
Aún puedo recuperar la cordura.





lunes, 4 de agosto de 2014

500 noches;

Sabía lo que era la vida,
pero ya no quería vivirla.
No quería ningún banco con fechas que recordar,
ni tampoco dejar sus huellas (tímida) en el cimiento.
¿Dijo 'te quiero'?
Ahora termino odiando.
La lluvia era su mejor aliada.
Truenos, relámpagos, tonos grises;
Así las pupilas se acostumbraban,
al dolor.
Dolor al recordar(se).

Otra vez esa lista de reproducción,
la música, la jodida música;
Otra vez que se le colaba entre la melodía,
en los timpanos,
las sábanas.
Y sangraba de nuevo.
Se arrancaba los parches y apagaba el cigarrillo justo encima de cada cicatriz.

500 noches para olvidarte y bastó una para morir.


lunes, 21 de julio de 2014

Make a wish...

Quería presentarme con mi nombre, pero lo olvidé. Ni siquiera recuerdo el día en el que nací, sólo pienso en la fecha de mi último aliento, de mi primera y única victoria.
Las muñecas tiritan,
como mi sonrisa,
mis rodillas,
mis ganas…
Tengo 17 veranos, primaveras, otoños e inviernos. Creo que nací el verano más frío o al menos, la soledad cada vez que cumplo un año más, se nota.

Y me pongo el mejor pintalabios,
como para disimular,
como si no se dieran cuenta…
de la mierda, toda la que llevo en mi espalda.
Gracias,
Repito una y otra vez.

Y en ese momento, sólo sé que, el mejor regalo, no está por llegar. Que nadie entrará por esa puerta para sorprenderme, nadie vendrá con una estrella y dejará que pida mi mayor deseo;

Deseo de desaparecer.
Deseo de que este sea el último.
No más fechas, ni velas, ni un poco de pastel en la nariz.
Nada, no quiero nada.
Sólo tráeme mi deseo.






jueves, 17 de julio de 2014

Y voy a decirte...

Y voy a decirte que me quede con ganas de ti, de tocar todo lo prohibido. Pero, señorita, no sé qué tienes que haces que con un sólo roce, sin querer o queriendo, ya esté saboreando el mismo cielo. Cada madrugada recuerdo esos besos tímidos, pero salvajes, desnudándonos el alma, hablando sin articular palabras.

Y juro que si ahora estuvieras en esta habitación, estarías encima de mí. Nuestras manos enlazadas, pero sin olvidar que siempre terminaría en tu cintura, esa maldita cintura. A veces la amo y otras la odio, por ser tan jodidamente perfecta. Y ahora dime ¿acaso estas diseñada para mí?

Quiero tantas cosas contigo, pero la primera es que te sientas extremadamente deseada. Qué entiendas que para mí, el día que naciste todos los Dioses se pusieron de acuerdo para crear un cuerpo tan bonito como el que luces. Y es tanta la adrenalina de poderlo tocar en la oscuridad, sólo se trata de tocar e imaginar. No quiero pensar que sería verlo y jugar, ver esa sonrisa, esa sonrisa que es mejor que el sexo.

Aráñame, la piel y el alma. Haz todas esas cosas locas que se te pasen por la cabeza, no tengas miedo a equivocarte, experimentar, por ti, por mí, por la unión. Y que la cama sea el otro complemento, pero nosotras seremos solo una. 


martes, 15 de julio de 2014

Rolling In The Deep.

La oscuridad, ese momento demente en el que no quieres pensar en nada. Tu cabeza grita, pero agradeces que no existan los silencios. Rolling In The Deep, es suficiente para acompañar una buena sonrisa suicida.

Cuando la gente me mira fijamente solo puedo ocultar mi rostro. Miedo al pensar que pueden huir al ver una mirada tan vacía. Muchos me dijeron que no, que ellos se quedarían, que se acomodarían a mi vida, a mi soledad, que harían de mí alguien mejor, otra vez que mentían. Así que empecé a mentirles yo. ‘Qué tengo una vida normal. Qué mis pensamientos suicidas nunca existieron. Qué Jamás me puse delante de un espejo a contar imperfecciones. Qué para mí la vida es un regalo. Qué soy realmente buena y vital.’ Lo malo es que me lo creo mientras lo digo y luego, cuando miro hacía mis muñecas lo recuerdo todo. Recuerdo el baño, la cuchilla, los susurros imaginarios que hacen  que nada sea real. 
¿Nada es real?