martes, 7 de abril de 2015

No (nos) asusta.

Y la abrazó tan fuerte que todas sus heridas se juntaron de golpe. Cómo si de un puzzle se tratará. Corte tras corte cicatrizo. Ya no había sangre de por medio, sólo pequeños recuerdos que le hacían distinta por todo su cuerpo. Y los empezaba a querer, porque ya no dolían, simplemente le hacían de complemento. Se sentía viva. Volvía a darse cuenta de cuando respiraba, y dios, no había cosa más jodida que pensar ‘debes respirar, debes respirar’.

Quién le hubiera dicho meses atrás que volvería a dar paso a ese corazón de hierro. Que ella misma se quitaría esa barrera para tender su mano y clavar a otra persona. Estaba loca, y lo mejor es que su sonrisa demente la hacía estar cuerda.

Por las noches alguien le susurraba que estaba orgullosa de ese desastre. Y sólo necesitaba eso, que compartieran ese desorden. No quería cambiar, solo repartir todo el caos que llamaba amor, ese que nunca decidió repartir, ni mostrar.


Vamos a gritarle a la luna que ya puede salir todos los días. Que no nos acojonamos. Que ya nos agarramos fuerte de la mano. Y que si quiere esconderse, que lo haga, que no nos asusta andar por la cuerda floja, que eso lo amamos. 


domingo, 22 de febrero de 2015

Espejismos.

Los cortes eran menos dolorosos que ponerse horas en frente del espejo. Horas delante de un cristal que solo mostraba imperfecciones, obsesiones.
Cada noche entraba a oscuras en el baño, corriendo para encender el agua caliente y así el cristal se empañaría. No quería toparse con nada más que una silueta casi invisible. Quitando cada prenda cómo si fuera el peor de los trabajos. Después se subía en la báscula, y cada quilo perdido era una victoria y una tortura, por querer más. Nunca sería suficiente.
¿Por qué te ríes de los demás? ¿Para sentirte mejor? No. Sólo quiero olvidarme de que cualquiera de esos cuerpos es mejor que el mío.



Golpes, esperaba golpes y color violeta por todos lados. Juro que eso era más placentero que toparse con su yo más real.
Las manos eran diseñadas para tocar otros cuerpos, cuerpos deseados. Pero que jodido cuando otro contacto la repasaba.

-Cállate. –Le decía a su subconsciente.
Deséame, por ti y por mí. Por los dos.
Que yo me olvide de hacerlo. 

miércoles, 7 de enero de 2015

En diferentes estaciones de tren.

No oscurece en su interior, la sonrisa, a veces, se le escapa sin querer. No estaba acostumbrada a sentir mariposas, pensaba que todas se habían escapado o escondido. Así que cada vez que sus labios hacían el intento de torcerse, se la tapaba, con su pelo negro.
Le daba miedo decir que empezaba a ser feliz. ¿Felicidad? Tampoco estaba segura de que era aquello, pero de lo que estaba segura, es que no era muy diferente a aquello que sentía cada noche cuando abrazaba su peluche y se imaginaba mil caricias, en diferentes estaciones de tren.

Un día anhelo abrazos que nunca supo cómo serían, ahora ansiaba con fuerzas que su piel volviera a tener contacto. Meses atrás sonreía detrás una pantalla tras un te quiero, pero sus oídos no podían aguantar no escuchar una voz rota, diciéndole lo mismo.

Seguía con ojeras, pero más bonitas. Las de tiempo atrás eran muy grises, preguntándole a saber qué, por qué ella siempre estaba en segundo plano, por qué le hacía daño algo que quería de esa manera tan extraña. Hoy, mientras se miraba al espejo, vio unas leves ojeras violetas, pero… esas no importaban, eran horas de sueño quitado a causa de soñar despierta con un reencuentro.

No le importaba tener una de cal y otra de arena.

Ahora era suya. 


viernes, 5 de diciembre de 2014

miedos

Por primera vez he sentido miedo, miedo al estar sentada en mi habitación, al perder la noción del tiempo, ver que los días pasan a una velocidad que no puedo controlar. Sí, miedo a morir. Una de las cosas que me caracterizan es que nunca me obsesionó la muerte, es más, siempre lo vi una opción buena para terminar con muchas cosas, lo admito. La cuestión es que estoy viva, y ese sigue sin ser mi problema, el problema soy yo, que soy dueña de mis decisiones, de mi vida, de cómo la estoy viviendo, y bueno, no confió nada en que lo pueda hacer bien, me da miedo ser yo la que tenga que tirar adelante con todos los años que me queden, que espero, que sean bastantes.

Si pienso que soy un desastre, si dejo las cosas siempre a medias, ¿cómo espero que mi vida sea la que deseo? Es más, ¿cuánta gente se siente orgullosa de la vida que elige? Y ¿realmente podemos elegirla? Estamos marcados con pautas, desde siempre nos enseñan que lo ‘correcto’ o que alcanzas la ‘vida plena’ cuando tienes unos buenos estudios, un trabajo el cual te permite independizarte, encuentras el amor de tu vida y formas una familia. ¿Realmente eso es vida? Es decir, ¿porque casi todos estamos convencidos que necesitamos es
o?

Y confieso que vivo intensamente cada cosa que hago, porque realmente, lo necesito ya, ¿realmente necesito eso? ¿Por qué la vida es tan corta? Porque decirme, ¿qué son ochenta años para conseguir todo eso sin que sientas que el tiempo te atrapa? Aunque visto de otra forma, si tuviéramos, por ejemplo, mil años, quizás malgastaríamos más el tiempo pensando que tenemos casi una eternidad, porque joder, mil años para mí es algo parecido a una eternidad.

Y siento miedo, miedo a que lo que creo necesitar sea lo incorrecto, me asusta pensar que pueda ser yo la que tenga el poder de ir en una dirección u otra, porque bueno, si existiera el destino, haga lo que haga ¿Lo tengo escrito? ¿No? Algo así. Pero si el destino no existe, si la vida te deja ahí, tirado a manos de ‘Dios’, pues menuda putada.

No hay mucho más que añadir, no hay final, ni principio, pero estoy diciendo todo esto asustada, sin mucho sentido.


Estoy pidiendo salvación, otra jodida vez. 

martes, 2 de diciembre de 2014

Aquí me quedo.

Paseándome como una loca por el andén, queriendo cometer la locura de coger el primer tren y llegar a la última parada. Que cada vez que alguien baje del vagón sea una cicatriz que deje atrás. Y no quiero que mis ojos vuelvan a verte, quiero que esa mierda alcance la velocidad límite y vea un millón de imágenes diferentes y que parezca la misma.

Olvidando por segundo.

Que cuando ya no haya marcha atrás, baje y mi cabeza no haga el esfuerzo de girarse y arrepentirse. Respirar un aire que no haya respirado nunca con nadie. Y que cada pequeño paso que dé, sea uno gigante para empezar de nuevo, de cero.

Pero me quedo en el andén, viendo la gente subir y sin nadie que vuelva...
                                                                                                                        ¿estoy esperando?









martes, 25 de noviembre de 2014

Y perdonarme.

Quiero ordenar esté desastre, mi desastre. El caos que decidiste dejar cuando marchaste, cuando nos separó la puerta, la parada de bus, la distancia. Arrancar trocito a trocito de mi piel, eliminando lunares, cicatrices y ser como una serpiente. Cambiar de piel y así no encontrar rastro de tus huellas. Y es gracioso, porque cada vez que mi mente se pasea la ligera idea de hacerlo, mis brazos se protegen de cualquier acto para olvidarte, olvidarme, olvidarnos. Y me encadeno de nuevo, me siento en el rincón más oscuro de la habitación y doy gracias que desde mi ventana no pueda observar el cielo.


Espero poder perdonarme algún día, perdóname. 


lunes, 17 de noviembre de 2014

Semanas.

Te pido cada invierno para reyes, atrapando mi ‘Peter Pan’ interior. Sigo buscándote, sigo encontrándote, cualquier lugar es bonito para recordarte, para imaginarte, para perder(me).

Pasé de no querer mirar ningún espejo, a pararme en cualquier retrovisor de coche y ver mí reflejo, te encuentro en cada lunar, cada poro;
Cada centímetro de mi piel, arde al recordarte.

Los domingos empiezo a explicarle al ¿corazón? No estoy del todo segura a qué o quién se lo cuento, pero le digo que empiece a olvidarte, de nuevo. Olvidarte para empezar a recordarte el lunes. Y odiarte el martes.

El resto de los días no es que los pasé pendientes de ti, sólo que la maldita música cae como gotitas de agua  y traviesa mi ventana. Entonces quiero volver a meterme en la cama y que estés en ella. Y joder, no estás. Ya no estás.  Con la tontería ya me paso toda la noche del miércoles llorándote, y el jueves no quiero que nadie se de cuenta de mis ojeras, así que intento renunciar a cualquier tipo de emoción, de explicación. 

El viernes, por la persiana empiezan a entrar pequeños rayos de luz, el sol, eso me da vida. Intento arreglar todo el desastre, dejar el caos, dejarme a mí de lado, por ti. Y ahí empiezo a emborracharme, a sonreír, a saltar, evadirme, no existo yo, así que tú tampoco. Me prometo que seré feliz, que está es la buena, que ya no tropezaré con fotografías o cartas borradas por lágrimas. Y ahí me tienes, el sábado de resaca, diciendo, está es la última vez.




La última vez para empezar otro domingo, otra depresión, el circulo, tú y yo, y que ya no pueda escribirlo junto.